Bangkok prostitutas prostitucion callejera

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Tailandia es un país que ofrece sexo barato, y con servicios exclusivos que incluyen a menores y ladyboys. Por todo ello, las buenas intenciones de la ministra Wattanavrangkul chocan contra una dura realidad: La otra cara de la moneda son miles de niñas y jóvenes que necesitan el dinero que pagan los turistas sexuales.

La mayoría son del norte rural y empobrecido. El resultado es una ley de la oferta y la demanda que no ha sido detenida por las autoridades, que han hecho la vista gorda durante décadas a cambio de dinero de las mafias.

Ahora Tailandia se enfrenta a un círculo vicioso difícil de detener: De hecho, Service Workers in Group SWING , una agrupación de trabajadoras sexuales y NightLight, una asociación religiosa que da asistencia a prostitutas callejeras, se han opuesto al plan de la ministra. Lo que hay que hacer es desincentivar la demanda para suprimir la oferta. Lo primero es terminar con la sensación de impunidad que tiene el turista sexual.

Lo segundo, una reforma estructural que termine con la corrupción de la policía y que esta persiga a los turistas sexuales. Eso pasa por no criminalizar a las trabajadoras sexuales.

Aller destaca iniciativas que han tenido éxito en otros países donde la situación era parecida a la de Tailandia: El trabajo de organizaciones como ECPAT ha logrado que el turismo sexual se persiga desde los países de origen de los turistas. Su relación con la trata de personas y la prostitución infantil terminaron con ellas. Los turistas sexuales pederastas y pedófilos que buscaban un paraíso sexual tailandés se han visto arrinconados.

Aller subraya que se siguen organizando a través de circuitos clandestinos y en comunidades delictivas en la deep web: Accede a la prostitución infantil desde servicios sexuales comunes en la calle. Rechazan los encuentros con menores y se cuidan de cualquier actividad sospechosa. Es un ambiente tan relajado y refinado, tan exquisitamente decorado, que parece imposible estar enfermo, o siquiera morirse, en un lugar como este.

Sin contar con la belleza de las enfermeras tailandesas , algunas incluso capaces de resucitar a un muerto. Junto al hospital Siriraj , hay un museo muy interesante y poco frecuentado, el Museo de Medicina Forense: Al final, tuve que sacarle de allí porque se nos iba la mañana.

La perla de aquel centro comercial era el cine. Nunca había visto algo parecido: Entre el cine Erewan y quedarse en casa a ver una película, no hay color. Resulta toda una experiencia, y una innovación. Se subían en los Maserati , los Ferrari , los Lexus , riéndose constantemente.

Y de allí al Four Seasons , el antiguo Regent , otro hotelazo con un mural gigantesco en el lobby pintado por uno de los grandes artistas del país. La antigua Birmania agoniza en estos hoteles-palacio. El Four Seasons es conocido por su brunch del domingo, donde acude la flor y nata de la sociedad, los ricos de Bangkok. Es una extravagancia culinaria que sirve de pretexto para ver y dejarse ver.

No pude resistirme a probar la sopa Tom Kha Kai , a base de leche de coco, tiras de pollo y especias como el galanga, la hierba limonera y el toronjil. Una delicia, como todo lo que nos traen después: La comida en Tailandia , ya sea en los puestos de la calle o en los restaurantes de lujo, es siempre exquisita, y no es necesario comer saltamontes fritos o cucarachas rebozadas para disfrutarla.

Las familias disfrutan mucho del Sea Food Market , en la calle Sukhumvit , un enorme restaurante donde eliges el pescado, el marisco y las verduras, y pagas en la caja. Otra sorpresa nos espera en el Four Seasons: Unos noventa minutos de gloria, en cuartos de inspiración marroquí perfectamente diseñados para la tranquilidad, donde se escucha el murmullo del agua correr, huele a nardos y a otras flores y los masajistas aplican su magia en nuestros atribulados cuerpos.

Pero lo importante son las manos, el baile de los dedos y la dedicación. Aquí no hay 'final feliz', eso es para los antros de Nana o de Patpong. Para un buen masaje a precio razonable, y para toda la familia, es recomendable la escuela de masaje que se encuentra en el recinto del Wat Pho , el templo del buda reclinado, una atracción turística imprescindible.

Un momento de relax en el vía crucis del turista deslumbrado por los templos rutilantes y los suntuosos museos repletos de obras de arte.

Lo mejor de patear las calles de Bangkok es que en cualquier lugar hay casas de masaje. Por dos euros te masajean piernas y pies durante una hora, mientras ves el trasiego de la calle saboreando el agua de un coco helado: Este momento de relax permite continuar caminando, continuar descubriendo rincones y admirando perspectivas que al atardecer recuerdan a la película de Ridley Scott, Blade Runner.

Es como una visión de un posible futuro: No conviene perderse la National Gallery , que expone objetos de arte que van desde el siglo XVII a nuestros días, particularmente animada los fines de semana por el mercadillo local.

Junto al arte va la moda: Pero la mayoría compra falsificaciones en los numerosos puestos nocturnos en las callejuelas. No solo los locales, sino también los turistas, que por un puñado de baths se hacen con camisas de Ralph Lauren o falsos bolsos de Prada. DVD copiados, CDs, ropa, bolsos, guías de viaje. Solo faltaban mis libros. Las tiendas exponen piezas maravillosas de arte antiguo de Borneo, de Java, del norte de Tailandia, aunque la mayoría llega de estraperlo de Birmania.

Los budas milenarios, los tejidos tribales, las esculturas de madera de teca, tankas del Tibet, artefactos chinos, mapas originales de los siglos XVII y XVIII… resulta un auténtico deleite pasearse por estas tiendas. Lo bueno de Tailandia es que es un país que nunca ha sido colonizado —no así Vietnam, Laos o Camboya — y esto le ha permitido mantener su tradición.

Lo que hacen con gran talento es adaptarla a la sociedad moderna. En el contraste entre lo espiritual —los templos, monjes, festividades, la fe de la gente— y lo material , se enciende la chispa que hace de Bangkok una ciudad atractiva, intrigante y vital.

La noche ofrece planes para todos los gustos. Después de un día de mucho caminar, Soto y yo fuimos al Moon Bar , en la azotea del hotel Banyan Tree , a tomarnos una copa y contemplar las espectaculares vistas. Al fondo, se ve el río Chao Phraya , la arteria principal de la ciudad, con su trasiego de barcazas y barcos-autobuses.

Nos relataron los pormenores de la vida en este país y, a medida que transcurría la conversación, me tentaba la idea de perder mi vuelo de regreso a España. Lo hubiera hecho, si no tuviera a mis hijos en Madrid. El argumento de peso me lo confió Josep. Es un dicho habitual entre los residentes occidentales: No lo traduzco, es mejor así.

Azoteas para disfrutar de las vistas: Visita estos curiosos museos: Museum of Counterfeit Goods Rama 3 Rd. Visita un cine moderno en el centro comercial Erawan , que cuenta con todas las marcas de lujo. Planes no, planazos para sorprender a tu pareja cerca de Madrid.

Prueba de esto fue una macrooperación policial que se llevó a cabo hace apenas un mes: Solo en ese lugar, la policía arrestó a trabajadoras sexuales, de las cuales 15 eran menores. En Tailandia la prostitución fue declarada ilegal en , con el apoyo de Naciones Unidas. La medida se aplicó para cortar lo que entonces había comenzado a conocerse como un paraíso sexual que, en realidad, escondía un infierno: A pesar de la ley, la industria del sexo ha crecido hasta el punto de representar un porcentaje importante de la actividad turística.

Tailandia es un país que ofrece sexo barato, y con servicios exclusivos que incluyen a menores y ladyboys. Por todo ello, las buenas intenciones de la ministra Wattanavrangkul chocan contra una dura realidad: La otra cara de la moneda son miles de niñas y jóvenes que necesitan el dinero que pagan los turistas sexuales.

La mayoría son del norte rural y empobrecido. El resultado es una ley de la oferta y la demanda que no ha sido detenida por las autoridades, que han hecho la vista gorda durante décadas a cambio de dinero de las mafias. Ahora Tailandia se enfrenta a un círculo vicioso difícil de detener: De hecho, Service Workers in Group SWING , una agrupación de trabajadoras sexuales y NightLight, una asociación religiosa que da asistencia a prostitutas callejeras, se han opuesto al plan de la ministra.

Las niñas y jóvenes que se ofrecen por unas pocas rupias en los prostíbulos gigantescos de Kamathipura y Falkland Road, en Bombay, no son muy diferentes de las adolescentes del este europeo encerradas en clubes de alterne de Mestre, cerca de Venecia. O de las jóvenes nigerianas retenidas, bajo amenaza de muerte, en cortijos perdidos entre los invernaderos de Almería, como las que liberó la policía hace unos días.

Unas y otras son esclavas sexuales. Un término aparentemente desfasado en pleno siglo XXI que describe, por desgracia, una realidad nada infrecuente.

Tatyana, moldava de 18 años, pasó 26 meses como esclava sexual en Italia, tras responder a un anuncio falso. Pero son solo una pequeña parte". También los campos de refugiados son terreno propicio para reclutarlas", explica Siddharth Kara, en conversación telefónica desde su casa de Los Angeles. El negocio de la esclavitud moderna, que publica ahora Alianza Editorial. El resultado de este amplio trabajo de campo es el libro sobre este negocio inhumano, que hace hincapié en los aspectos económicos sin olvidar el drama profundo de las jóvenes explotadas.

Dramas como el de Mallaika, una ex esclava sexual que Kara encontró en Bombay. Casada a los 13 años, tras parir dos hijos muertos, el marido la vendió a un proxeneta cuando apenas había cumplido los 16 años. Mallaika trabajó toda su juventud como esclava sexual, obligada a satisfacer a decenas de clientes al día. Todos los días morían violentamente esclavas como ella. Después pasó a trabajar como prostituta por el sistema indio de adhiya.

La mitad de lo que ganaba era para el dueño del prostíbulo. Infectada con el virus del sida cuando Kara la encontró, Mallaika era consciente de que sus días estaban contados. Siddharth Kara, miembro de la dirección de la ONG Free the Slaves, creada en por un grupo de intelectuales para luchar contra la esclavitud, cuenta que su interés por el tema surgió en sus años de estudiante en la Universidad de Duke Carolina del Norte. En , Kara pasó unas semanas en el campo de refugiados de Novo Mesto Eslovenia.

Y empezando porque sus clientes son casi siempre tailandeses. La mayoría al volante. Carreteras oscuras algo alejadas del centro, igual que ocurre en las capitales españolas. Sin tener que bailar en bares o buscando clientes por Internet.

Y también sin proxenetas. Cerca de las discotecas de RCA también pululan a las noches, esperando a quienes no se llevaron nada a la boca entre copas. Incluso en algunas zonas oscuras de Pracha Songkhro, cerca del centro deportivo Thai-Japan.

Se lo confesó a sus amigas cuando llegó un día con un teléfono nuevo. En Occidente sería realmente difícil entender las motivaciones de Namfon. Como opinión personal, yo culpo de ello al sistema tailandés. Si bien hay que entender que lo de abrirse de piernas por unos billetes no tiene el mismo estigma en Asia que en Occidente. Y no hace falta quedarse en Asia, ya que los abusivos precios de las universidades estadounidenses fuerzan a muchas chicas a dedicarse a lo mismo.

No es un trabajo, sino algo a lo que se dedican una parte de su vida y que ocultan el resto de sus vidas. Así que muchos recorren las calles para dar rienda suelta a lo suyo. Hace unos meses, BK Magazine publicó una entrevista a uno de estos chicos.

Aparte de que hay una apatía institucional histórica a la hora de reconocer las dimensiones de este problema y darle una solución. Junto al hospital Sirirajhay un museo muy interesante y poco frecuentado, el Museo de Medicina Forense: El Sea Food Market, meca de toda clase de raras delicias marinas. Se subían en los Maseratilos Ferrarilos Lexusriéndose constantemente. Lo mejor de patear las calles de Bangkok es que en cualquier lugar hay casas de masaje. Siddharth Kara, miembro de la dirección whatsapp de prostitutas gratis mujeres cuero dominicana la ONG Free the Slaves, creada en por un grupo de intelectuales para luchar contra la esclavitud, cuenta que su interés por el tema surgió en sus años de estudiante en la Universidad de Duke Carolina del Norte. Y empezando porque sus clientes son casi siempre tailandeses.

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